Este bicho me lo encontré por sorpresa mientras cenaba con unos amigos. En nuestra pandilla somos grandes devoradores, y nos encanta organizar reuniones donde cada uno de nosotros cocina algo para compartir. Pues bien, antes de que pudiera hacer nada, este monstruito se había zampado todo mi plato. Claro que yo, a modo de venganza, di buena cuenta de él en un par de bocados. Igual me pasé un poco, él sólo tenía hambre…
Es un pariente lejano del monstruo de las galletas.